Diario del Jinete

Por qué montamos por la izquierda y cómo recordar la posición correcta

2026.10.04
Principiante en equitación básica frente a un caballo en Querétaro, dudando por qué lado montar

¿Qué harías si un animal de casi quinientos kilos te clavara la mirada mientras tu cerebro se queda en blanco sobre algo tan simple como de qué lado acercarte? A mí me pasó hace un par de clases, bajo esa neblina que Querétaro tarda horas en soltar, con el olor a alfalfa seca mezclándose con el vaho caliente que el caballo me echaba encima del hombro cada vez que dudaba. Llevo unos meses metida en esto de la equitación básica los sábados, como tantas otras principiantes con caballos que empiezan de adultas, y aun así mi cuerpo se congeló frente al instructor, que esperaba con esa paciencia (¿o resignación?) tan suya en medio del picadero. El gato de la caballeriza, mientras tanto, caminaba tranquilo entre las patas del caballo como si la escena no tuviera nada de dramática.

La historia ecuestre detrás de la tradición de montar por la izquierda

La respuesta corta es que no tiene nada que ver con el caballo y sí con las espadas. Durante siglos, los jinetes solían ser diestros y cargaban la espada colgada del lado izquierdo de la cintura para desenfundarla rápido con la mano derecha; si montaban por la derecha, el arma se les enredaba entre las piernas o golpeaba el lomo del animal, y terminaban cayendo frente a todo el escuadrón de la manera menos elegante posible. Por pura lógica de supervivencia militar, la costumbre de subir por la izquierda se volvió la norma, y esa norma cruzó siglos hasta llegar a mi clase de los sábados, donde una contadora de Querétaro que solo quiere desestresarse sigue el protocolo de un caballero medieval sin haber tocado una espada en su vida.

Entender esta historia ecuestre me quitó buena parte de la presión. Antes pensaba que equivocarme de lado era solo torpeza mía (que también, para ser justa), pero resulta que estoy repitiendo un gesto que ya nada tiene que ver con mi coordinación y mucho con la logística de un ejército que dejó de existir hace mucho. Mi amiga, que toma clases de cerámica en un taller del barrio de San Francisquito, se rió cuando le conté esto: "o sea que estás obedeciendo reglas de caballeros muertos hace rato", me dijo, y pues sí, básicamente.

Mano de una jinete principiante sobre la montura por el lado izquierdo, la posición correcta para montar a caballo

El lado de cerca: previsibilidad y bienestar animal para el caballo

En la jerga de caballeriza, el izquierdo tiene nombre propio: le dicen "lado de cerca" (near side, si quieres sonar fancy en la clase), y el derecho es el "lado de fuera". Como la costumbre militar se volvió estándar en casi todo el mundo, la mayoría de los caballos de escuela se entrenan para que los ensillen, los manejen y los monten solo desde ese lado. Eso no es un capricho: le da al caballo algo predecible en un mundo donde todo lo demás —ruidos, gente nueva, el clima— ya es suficientemente impredecible para un animal de presa.

Ahí es donde el bienestar animal entra en la ecuación: un caballo que sabe por dónde "va a pasar" lo que sea se pone menos tenso, y hace poco leí algo sobre cómo aprender psicología equina ayuda a jinetes con miedo a montar, que me hizo mucho sentido —saber el porqué de sus costumbres quita esa sensación de que el caballo te está juzgando (aunque el gato de la entrada definitivamente sí lo hace)—. Lo que sí puedo decir es que cuando aparezco por el lado correcto, el caballo ni se inmuta; la vez que dudé y me acerqué por el derecho, giró el cuello con una cara que juraría era de signo de interrogación.

Ilustración de un caballero medieval con espada, origen histórico de la tradición ecuestre de montar por la izquierda

Los efectos de montar siempre por el mismo lado en el caballo

No es una ley inamovible, y seguirla a ciegas sí tiene un costo: subir siempre del mismo lado significa que el caballo carga el peso, la silla y el esfuerzo asimétrico de la misma manera clase tras clase, lo cual con el tiempo puede generar musculatura desigual o cargar más un lado de la columna que el otro. Esto me lo soltó un veterinario que andaba revisando cascos una tarde, mientras yo asumía que la izquierda era sagrada e intocable.

La regla de oro para quienes empezamos sigue siendo la izquierda, por seguridad y orden dentro de un grupo de clase, pero los jinetes con más tiempo en la silla practican subir por ambos lados para mantener al caballo equilibrado. Yo todavía no llego ahí —me tiemblan las piernas lo suficiente nada más con el lado que ya domino—, pero ahora pongo más atención a cómo interpretar las señales de estrés del caballo durante el ensillado, por si ese día trae alguna molestia de ese lado que todavía no sé reconocer.

Caballo de escuela volteando con calma, ejemplo de bienestar animal en clases de equitación para principiantes

Mi truco de contadora para no perder la cuenta de los lados

Como mi cabeza vive entre activos y pasivos, el debe y el haber, inventé un acordeón mental para dejar de quedarme paralizada frente al instructor. El lado izquierdo es mi "lado de entrada" —como el debe en un asiento contable—, es por donde el jinete entra al sistema; el derecho queda como salida. Suena ridículo escrito así, pero cuando me paro junto al caballo y me imagino sentada en mi escritorio, el lado por el que siempre entro a mi espacio es la izquierda, y con eso basta para que el cuerpo deje de preguntar.

Ese truco resuelve la cabeza, pero el cuerpo necesitaba otra cosa: pasar tiempo abajo, con los pies en la tierra, antes de intentar subir. A veces llego más temprano solo para cepillarlo un poco, sin la presión de estar allá arriba, y ese entrenamiento pie a tierra es fundamental para conocer sus distancias y su humor antes de que intentes montar. Ayuda también tener algún ejercicio simple de equilibrio en la silla y no solo confiar en la memoria para saber qué pie va primero en el estribo, aunque de eso ya hablaré otro sábado.

Estribo de metal sobre una montura de cuero desgastada, equipo básico para principiantes en equitación

Cuando respirar hondo no funciona: alternativas para calmar los nervios

Probé de todo para bajarle el volumen a los nervios antes de montar, incluyendo eso que recomiendan en cualquier guía de principiantes: respirar hondo, contar, soltar el aire despacio. Y no funcionó —seguía completamente tensa, con los hombros en las orejas, mientras el caballo esperaba con esa paciencia que a veces parece aburrimiento—. La respiración ayuda en la teoría, pero frente a quinientos kilos de animal real, mi cuerpo decidió ignorar cualquier técnica de manual.

Lo que sí cambió las cosas fue algo mucho más simple que cualquier respiración contada: la vez que me acerqué por la izquierda sin pensarlo, sin repasar el protocolo en mi cabeza, y el caballo simplemente estiró el cuello, me olfateó la mano y no retrocedió ni un centímetro. Ese fue el momento en que entendí que calmarse no se logra por decreto, forzando el aire a entrar y salir —se logra con el cuerpo haciendo lo correcto tantas veces que deja de sentirse como una decisión—. Si quieres una señal concreta de que vas por buen camino, esa es: cuando el caballo no se mueve ni un paso al sentir tu mano cerca, algo en la mecánica ya se volvió automático.

Jinete y caballo frente a un campo con neblina al amanecer, tras una clase de equitación básica en Querétaro

Lo que me queda de esta lección, más allá de la izquierda y la derecha

Aprender a montar ya entrada en los treinta no se trata de hacerlo rápido ni de hacerlo perfecto. Se trata de esos sábados en que el caballo se relaja bajo tu mano y uno siente, por un segundo, que un animal de media tonelada decidió confiar en ti lo suficiente como para soltar el aire despacio. Sigo dudando antes de poner el pie en el estribo algunas veces, y el instructor todavía me recuerda que baje los talones más veces de las que me gustaría admitir. Antes de volver a casa, me gusta estirar las piernas caminando un rato por el Cerro de las Campanas, todavía con el olor a caballo pegado a la ropa.

Esa historia detrás del lado izquierdo me sirvió para algo más que anécdota de sobremesa: entender el porqué de una regla la vuelve más fácil de seguir sin resentirla, y esa misma lógica me funciona para casi cualquier cosa nueva que me da miedo en la caballeriza. Si estás empezando como yo, no te claves tanto en la técnica perfecta desde el primer día —entender de dónde viene cada costumbre ayuda más que memorizarla a la fuerza—. Y si notas que tu caballo está incómodo o actúa distinto a lo normal, siempre es mejor consultarlo con el veterinario o con tu instructor de confianza antes de subir.

Nota:
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.