Diario del Jinete

Aprender a no hacer nada: Lo que mi caballo me enseñó sobre la paciencia en Querétaro

2026.10.07
Aprender a no hacer nada: equitación para principiantes y psicología equina en un hobby ecuestre de Querétaro

Subirse a un caballo que va a trote por un sendero no se parece en nada a quedarte parada junto a uno que no se mueve ni un centímetro. La primera vez que monté fue en un paseo de un día en Hacienda Galindo, cerca de San Juan del Río: todo movimiento, todo adrenalina, el tipo de emoción que te hace apuntar la siguiente clase antes de bajarte de la silla. Las clases de los sábados, en cambio, en la caballeriza a las afueras de Querétaro donde ahora se me va buena parte del tiempo libre de este hobby, me han enseñado algo mucho menos vistoso: que en la equitación para principiantes, a veces el ejercicio más difícil es no hacer nada. Y ahí entra algo de psicología equina que no se estudia en ningún libro, sino parada junto a 500 kilos de animal que depende de que yo entienda un poco de su bienestar antes de pedirle nada.

Antes de seguir, va mi aclaración de siempre: contadora de profesión, aficionada a los caballos los fines de semana, y sí, hay enlaces de afiliado más abajo. Si compras un curso o algún equipo a través de ellos, a mí me cae una comisión y a ti no te cuesta un peso extra. Solo menciono lo que de verdad he usado o investigado en este camino de principiante, nada que no probaría yo misma antes de subirme a un caballo.

Forzar a un caballo que ya decidió no moverse no sirve de nada

Un sábado de esos en que salgo de la oficina con la cabeza todavía llena de números, llegué a la caballeriza en el camino a Juriquilla con la prisa de quien espera que todo responda como una hoja de cálculo. Chocolate, el caballo escuela que me tolera desde que empecé, decidió que ese día no íbamos a ninguna parte: se plantó en medio del picadero como si tuviera raíces. Lo primero que hice fue justo lo que un principiante no debería hacer: insistí con la pierna, tiré un poco de la rienda, y terminé subiéndome por el lado equivocado, el derecho, en lugar del lado de montar o cerca, enredada con el estribo mientras Chocolate ni se inmutaba.

Tadeo, que lleva su caballo pensionado en la misma caballeriza desde hace años, pasó cerca del box y no dijo nada hasta que se lo pregunté directamente. Tiene esa paciencia real de no corregir a nadie que no pidió consejo, pero en cuanto le pregunté qué estaba haciendo mal, me dijo que estaba tratando al animal como si fuera terco, cuando en realidad solo esperaba una señal clara de mi parte. No fue un regaño, fue casi un favor.

Manos ajustando la cincha de una montura de cuero, parte del aprendizaje práctico de equitación para principiantes

El problema no era la psicología del caballo, sino lo que yo traía en la cabeza

Después de ese sábado hice lo que hace cualquier contadora obsesiva: busqué un manual clásico de equitación para entender qué estaba haciendo mal. Lo dejé a la mitad, entre términos técnicos que no conocía y diagramas que no me decían nada sobre lo que se siente arriba de un caballo nervioso. No me sirvió de mucho en el momento real, con la rienda en la mano y Chocolate resoplando.

Lo que sí me quedó claro, sin necesidad de ningún libro, es que un caballo lee el cuerpo antes que la voz. No hace falta entrar aquí en toda la teoría detrás de eso, pero basta con saber que un hombro tenso o una respiración corta se nota desde la silla. El miedo inicial de cualquier principiante no se resuelve leyendo, se resuelve estando ahí lo suficiente para que el animal deje de ser un extraño, y esa confianza entre jinete y caballo, la de verdad, se construye despacio, no de un fin de semana a otro.

Lo que explica un curso desde la pantalla y lo que solo enseña el corral

Entre clase y clase empecé a ver La Mente Equina de 0 a 100 en los ratos muertos de la oficina, más que nada porque quería entender el porqué antes de ejecutar nada arriba del caballo. Ayuda a ordenar ideas, bien explicado y a tu ritmo, pero la teoría se queda corta justo en el momento en que el caballo se detiene en medio del picadero. Ahí ya no hay video que valga, solo el animal y tú. De hecho, fue revisando ese tipo de contenido que entendí que cuando un caballo no quiere caminar casi nunca es un problema de piernas, sino de algo que lo tenía bloqueado desde antes de que te subieras.

El trabajo de pie a tierra, cepillar, ajustar la cincha, simplemente estar cerca sin montarte, cuenta tanto como las horas arriba del caballo, y por qué el entrenamiento pie a tierra es fundamental es algo que ahora entiendo sin que nadie me lo repita. También aprendí, a la mala, que limpiar el cuero de la montura después de cada clase evita que se ponga rígido, y que el casco bien ajustado y las botas con tacón bajo no son un capricho: son lo mínimo que pide cualquier picadero que se toma en serio la seguridad de sus alumnas.

Laptop con un curso de equitación online junto a casco y botas, parte del hobby ecuestre en Querétaro

Supe que la quietud por fin estaba funcionando

La única vez que mi instructora me dijo "bien" sin que yo le preguntara si lo había hecho bien, algo se me destrabó en el pecho que no sabía que tenía tan apretado. No hubo aplausos ni nada dramático. Simplemente, por una vez, no sentí la necesidad de preguntar si lo estaba haciendo bien.

Los sábados, en la barda del picadero, casi siempre está Concepción con su termo de café. Llevó a su nieta a probar unas clases hace tiempo, la nieta se aburrió al mes, pero ella se quedó viniendo igual, solo a mirar. Me regaló uno de esos gestos secos de aprobación, apenas un movimiento de cabeza, el día que me vio sentada en la silla sin moverme de más. No dijo nada, pero con Concepción ese gesto vale como un aplauso completo.

Mujer de pie junto a un caballo relajado en un corral soleado, ejemplo de bienestar animal y quietud en el picadero

El equilibrio, en todo esto, tiene menos que ver con la fuerza de piernas que con no anticiparte al siguiente paso, algo que cualquier ejercicio de equilibrio para jinetes principiantes repite una y otra vez. Y lo que haces antes de subirte, revisar el equipo con calma, llegar sin ir corriendo contra el reloj, también cuenta para cómo te recibe el caballo. Ahora uso un taburete para subirme sin prisa, no por elegancia, sino porque montar con seguridad importa más que verme con estilo, y al día siguiente, cuando las piernas me recuerdan cada clase, sé que valió la pena.

Cuándo conviene actuar y cuándo conviene no hacer nada

Si tuviera que resumir meses de sábados en una sola regla, sería esta: actúa (corrige con la pierna, pide algo con la rienda, muévete) cuando hay una instrucción clara que dar o una señal real de que algo no está bien; no hagas nada, quédate quieta y respira, cuando lo único que está hablando es tu propio nervio buscando una salida. La diferencia entre esas dos cosas es, en el fondo, todo lo que este hobby me ha enseñado sobre la paciencia.

Detalle del ojo de un caballo tranquilo en su caballeriza, reflejo de la psicología equina y la calma del animal

Para quien quiera entender un poco más qué hay detrás de la terquedad aparente de un caballo, La Mente Equina de 0 a 100 es un buen punto de partida para la parte de teoría. La otra mitad, la de quedarte quieta de verdad, solo se aprende ahí, con las botas llenas de tierra y un caballo que decide si confía en ti o no.

Por lo pronto, me voy a preparar el equipo para el próximo sábado. Chocolate seguramente ya me tiene lista otra lección de humildad.

Nota:
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.