
Seis preguntas se repiten casi palabra por palabra cada vez que una amiga se entera de que ando montando los sábados en una caballeriza a las afueras de Querétaro: si no me da miedo, si ya sé trotar bien, si vale la pena empezar la equitación pasados los treinta, si de verdad ayuda un curso online entre clase y clase, si me duele todo al día siguiente y si algún día voy a salir a cabalgar de verdad fuera del picadero. Las voy a responder aquí tal como se las contaría por mensaje de voz un sábado por la noche, con la ropa todavía oliendo a caballo, sin maquillar ni los golpes a mi dignidad ni los sábados en los que el trote por fin dejó de sentirse como una pelea cuerpo a cuerpo.
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Lo primero que preguntan: miedo, equipo y qué llevar el sábado
La pregunta número uno siempre es la misma: ¿no te da miedo? Sí, me dio muchísimo miedo al principio, y todavía me da un poco cada vez que el caballo resopla fuerte sin razón aparente; ese nervio de principiante es normal y hay quien ya escribió con calma sobre cómo se va soltando clase tras clase, así que no me voy a repetir aquí. Sobre el equipo, tampoco hace falta llegar con todo nuevo y carísimo desde el primer día: hay guías completas sobre qué ropa conviene para las primeras lecciones, y yo me limité a lo básico mientras decidía si esto era una obsesión pasajera o algo que me iba a durar. Lo que sí cambió todo fue empezar a prepararme antes de llegar; ya hay quien detalla cómo organizar la cabeza y el cuerpo antes de una clase para no llegar temblando desde el estacionamiento, y a mí simplemente me ayudó dejar el teléfono en el coche y caminar los últimos metros en silencio, viendo el bienestar del caballo como parte del mismo ritual de calmarme yo.
Subir al caballo sin quedar en ridículo
Montar del lado correcto es la segunda duda que surge siempre, y la respuesta corta es que todos nos vemos torpes al principio, yo incluida. Hay una técnica completa para subir que se explica mejor en video que en texto, pero el detalle que sí puedo compartir es algo tan simple como el lado: tradicionalmente se monta por la izquierda, una costumbre que viene de cuando los jinetes cargaban armas del otro lado, y a mí me tomó más de una clase acordarme sin que mi instructor tuviera que decírmelo. Más de una vez terminé parada del lado equivocado con el caballo mirándome de reojo, como preguntándose si en serio llevaba meses en esto.
¿Es normal tener tanto miedo las primeras clases?
Otra pregunta que me hacen seguido es si el miedo se quita solo, y la respuesta corta es que no: se suelta con repetición, no con fuerza de voluntad. Superando el miedo en la caballeriza es un tema que merece su propio espacio y ya lo conté con calma en otra entrada, así que aquí solo dejo el resumen: casi todos los principiantes cometemos el mismo error de querer controlar al caballo solo con los brazos en lugar de con el cuerpo entero, y esa tensión se nota, el caballo la siente y responde con la misma inquietud. Lo que me costó aprender es que un caballo nervioso ese día no necesariamente está siendo terco, puede estar simplemente asustado igual que yo, y distinguir una cosa de la otra cambia por completo cómo reacciono en el momento.
Entre la psicología del caballo y la mía: lo que de verdad cambió
La cuarta pregunta que me hacen es si el curso que menciono por ahí realmente cambió algo, y lo resumo en una sola idea: dejé de tratar al caballo como un objeto que hay que operar y empecé a prestarle atención a cosas que antes ignoraba, como el movimiento de las orejas o el peso cambiando de pata a pata; el porqué técnico de eso ya lo expliqué con calma en otro artículo dedicado solo a leer el lenguaje del caballo, aquí solo cuento que a mí me cambió la actitud. La Mente Equina de 0 a 100 fue el curso que tomé entre semana: se enfoca en el comportamiento y no solo en ejercicios sueltos, se repasa a tu ritmo sin horarios fijos, aunque la teoría sola no reemplaza las horas reales a pie de corral, eso me quedó clarísimo apenas volví a montar después de ver los videos. Si quieren la versión completa de por qué entender esto cambia tanto las clases, entender mejor a tu caballo tiene todo el desarrollo; yo aquí me quedo solo con el resultado: empecé a construir algo más parecido a una relación que a una operación técnica.
¿Se puede entrenar el equilibrio sentada en una silla en la sala?
Confieso un experimento que no funcionó: la quinta pregunta, la de siempre, es si hay alguna forma de practicar en casa entre clase y clase, y durante semanas me sentaba en una silla sin respaldo en la sala, tratando de imitar la postura del trote mientras veía la tele, convencida de que así le ganaría tiempo al equilibrio. No sirvió de mucho; el equilibrio sobre un caballo que se mueve en varias direcciones a la vez no se parece en nada al equilibrio sobre una silla quieta en el piso de la sala, por más que uno se esfuerce en imaginarlo. Lo que sí ayuda, y esto lo aprendí después de perder esas semanas, es un puñado de ejercicios pensados específicamente para jinetes principiantes, que alguien más ya reunió en un solo lugar y que prefiero no resumir mal aquí.
El trote que por fin me salió
Llegamos a la pregunta que le da título a todo esto: ¿ya sabes trotar bien? La respuesta corta es que un sábado, sin aviso, dejé de sentir que estaba sobreviviendo al trote y empecé a sentir que iba con él. El polvo que se levanta del piso del picadero en cuanto el caballo acelera el paso se quedó flotando un segundo en el aire, y en vez de agarrarme más fuerte de las riendas por el nervio de siempre, solté una mano un instante para acomodarme el casco que se me había resbalado, y no pasó nada: el caballo siguió su ritmo, yo seguí el suyo, y por primera vez un movimiento pequeño no me sacó de control. Cuando terminamos la vuelta, lo primero que hice fue acariciarle el cuello ahí mismo, en caliente, porque premiar justo en el momento es lo único que el caballo realmente entiende; un premio diez minutos después, ya guardando el equipo, no le dice nada. Una amiga mía, que sale a correr por el Acueducto histórico todos los domingos temprano, no entiende por qué prefiero pasar la mañana arriba de un animal de media tonelada en vez de simplemente correr yo con mis propias piernas, y la verdad es que todavía no tengo una respuesta que la convenza del todo. Por ahora ni siquiera salgo del picadero; lo de cabalgar afuera, hasta algún cerro como la Peña de Bernal, sigue siendo algo que me imagino para más adelante, no para ahora.
¿Qué reglas del picadero y del día después nadie te explica de entrada?
Las últimas preguntas suelen ser las más prácticas. Sobre las reglas del picadero, nadie te sienta a explicarte todas de una vez; las vas aprendiendo a punta de regaños suaves, aunque ya hay una lista clara de las básicas que ojalá alguien me hubiera pasado desde la primera clase. Sobre guiar al caballo del ramal sin que se te adelante o se quede pegado, es otra habilidad aparte de montar que a mí me tomó su tiempo, y también tiene su propia guía detallada que prefiero no resumir mal aquí. Los términos técnicos, paso, trote, galope y una lista larga de palabras que al principio me sonaban a otro idioma, se aprenden sin prisa, y un glosario a la mano ayuda bastante a no sentirte perdida en cada clase. Y sobre el dolor del día siguiente: sí, duele, sobre todo las piernas internas y una zona de la espalda baja que no sabía que existía, y hay formas concretas de aliviarlo que no voy a inventar aquí porque ya están bien explicadas en otro lado. Lo único que añado por mi parte es que limpiar el equipo de cuero después de cada clase, aunque sea rápido, evita que luego te tome el doble de tiempo un sábado que ya de por sí empezó tarde.
Lo que me llevo de ser principiante en esto
Si me preguntan qué le diría a alguien que está pensando en empezar, es esto: no se obsesionen con trotar rápido ni con tener el equipo perfecto desde la primera clase, busquen más bien una caballeriza donde el instructor tenga paciencia y donde les dejen un rato con el caballo antes de subir. El trote finalmente me salió no porque practicara más fuerte, sino porque dejé de pelear contra el movimiento, y esa es la única regla que de verdad sirve para casi todo lo demás en esto. Si además quieren reforzar la parte teórica entre clase y clase, a mí me sigue sirviendo La Mente Equina de 0 a 100 para los ratos en que no puedo estar en la caballeriza, aunque insisto en que ningún video reemplaza las horas reales arriba del caballo. Las seis preguntas de arriba son casi siempre las mismas que me hacen, y espero que las respuestas, aunque vengan sin fórmulas mágicas, les ahorren algo del tiempo que a mí me tomó llegar a ellas.
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.