Diario del Jinete

Sábados de caballeriza: Mi ritual de calma antes de subir al estribo

2026.10.18
Preparativos tranquilos antes de una clase de equitación para principiantes, parte del ritual de bienestar y mindfulness ecuestre de este hobby en Querétaro.

Preparar una clase de equitación para principiantes no es repasar un manual de ayudas la noche anterior, es aprender a bajarle el volumen al cuerpo antes de que el caballo note que llegas tensa. Esa es la primera confusión que veo repetirse entre quienes recién empiezan este hobby en Querétaro: piensan que la preparación vive en la cabeza, en la teoría, cuando en realidad vive en los hombros, en la respiración, y en el bienestar del animal que va a cargar con lo que sea que traigas encima si no lo sueltas antes de montar. Es una especie de mindfulness ecuestre que ningún curso explica bien, y sigo corrigiendo el malentendido cada vez que alguien me escribe preguntando qué debería estudiar antes de montar por primera vez.

El correo de una lectora principiante y el mito que casi me convence

Adela Fonseca me escribió hace poco y, como siempre, su correo terminaba en una sola pregunta muy concreta: si debía memorizar los términos técnicos de las ayudas de pierna antes de su primera clase para no quedar en ridículo frente al instructor. Le contesté que no, y ahí me di cuenta de que llevaba tiempo queriendo escribir justo esto. El error no es de Adela, es del mito mismo: la idea de que entrar bien preparada a una clase de equitación para principiantes significa dominar vocabulario y teoría antes de poner un pie en el estribo. A mí ese mito casi me convence también, hace tiempo, cuando compré unas botas de campo carísimas pensando que el cuero correcto me iba a dar la seguridad que me faltaba. No fue así: las botas se quedaron tan rígidas como yo la primera vez que un caballo giró la cabeza de golpe.

Botas de montar y casco listos la noche anterior, parte del ritual de calma de una clase de equitación para principiantes.

No necesitas repasar el manual la noche anterior si apenas eres principiante

No. Lo que de verdad ayuda (y esto lo aprendí a fuerza de llegar tensa y ver al caballo contagiarse de esa tensión antes de que yo siquiera tocara la rienda) es un ritual mucho más físico que intelectual. El viernes por la noche reviso el casco, los guantes, que los pantalones no se hayan quedado hechos bola en el fondo del clóset; no por eficiencia, sino porque ese gesto le dice a mi cuerpo que el fin de semana ya empezó y que puede ir bajando la guardia. Cuidar el equipo, limpiarlo y dejarlo donde lo vaya a encontrar medio dormida a primera hora, pesa más de lo que parece frente a ese nerviosismo de principiante que, sinceramente, no se me ha quitado del todo.

Estirar las caderas en el Jardín Guerrero, no en el picadero

Entre semana, cuando se me acumulan las horas sentada frente al monitor haciendo conciliaciones, camino un rato por el Jardín Guerrero, en el Centro Histórico, y ahí aprovecho para mover los tobillos en círculos y aflojar la pelvis. Parece un gesto aislado, casi tonto, pero es la parte de la preparación que ningún curso en línea menciona: el equilibrio sobre el caballo depende más de esas caderas tiesas que de cualquier término técnico que puedas memorizar. Me acuerdo de lo que conté sobre lo que no me atreví a preguntar en el picadero en mis primeras clases, y todavía me da risa cuánto me preocupaba entonces sonar profesional en vez de simplemente estar presente. Lucrecia Ibáñez, con quien comparo apuntes del curso de equitación en línea desde hace meses, me manda capturas de cada módulo con comentarios al margen, y aunque ella estudia la teoría con una disciplina que yo no tengo, las dos coincidimos en que nada de eso sustituye los minutos de movilidad antes de subir.

Ejercicios suaves de movilidad y equilibrio antes de una clase de equitación, clave del bienestar del jinete principiante.

Dejar que el caballo marque el ritmo del ensillado

Cuando llego, saludo al gato que siempre anda por ahí vigilando con cara de juez, y voy directo a buscar al viejo alazán que me tolera con una paciencia que yo todavía no tengo con los números. El cepillado es la primera conversación real del día: sirve para detectar algo raro en la piel antes de ensillar, y para que a mí se me baje el pulso. Después de un rato de trabajo sostenido su respiración cambia, se vuelve un vaivén lento y parejo que se siente bajo la mano apoyada en el costado, y ese sonido, más que cualquier repaso teórico, es lo que me dice que vamos bien. La cincha se ajusta poco a poco, nunca de un tirón, porque un caballo que infla la panza para protestar tiene toda la razón si uno aprieta de golpe. Esto me recuerda, otra vez, el trote que por fin me salió hace un tiempo, cuando entendí que apurar cualquier parte del proceso (la cincha, el trote, lo que sea) solo logra que el caballo se cierre más. Y ahí, frente al estribo, todavía se me olvida a veces cuál es mi izquierda: treinta y tantos años manejando balances complejos y mi cerebro decide ponerse en blanco justo cuando toca montar del lado correcto.

Cepillado de la crin de un caballo como primera rutina de bienestar antes de ensillar, en una clase de equitación para principiantes. Jinete principiante preparándose para montar del lado izquierdo, un momento común de nervios en clases de equitación en Querétaro.

La regla que sí funciona (y que nadie te dice)

Si algo le contestaría de nuevo a Adela, y a cualquiera que me escriba con la misma pregunta, es esto: no te prepares memorizando, prepárate bajando el ritmo. Revisa tu equipo la noche anterior, no para que quede perfecto sino para marcar el cambio de modo. Dedica unos minutos a mover las articulaciones antes de que el instructor te traiga el caballo: los tobillos, la pelvis, lo que tengas tieso de la semana. Y cuando por fin estés ahí, deja que el animal te marque el paso a ti, no al revés; si llegas acelerada lo vas a notar en cómo se mueve antes de notarlo tú misma. Ya no acelero el paso al caminar hacia el box ni busco pretextos de último minuto para darme la vuelta, y eso tiene menos que ver con la teoría que aprendí y más con este ritual necio de preparar el cuerpo antes que la cabeza.

Así que la próxima vez que alguien te diga que hay que estudiarse las ayudas de pierna antes de montar por primera vez, puedes creerle a medias: ayuda saber hacia dónde vas, pero lo que de verdad te hace llegar entera al estribo es haber aprendido, otra vez, a respirar más lento que tus pensamientos. Esa es la misma lección que conté al aprender sobre la paciencia de un gigante de media tonelada, y sigo sin encontrar la manera de explicársela bien a Adela por correo.

Nota:
Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.